El Secreto, un manual para el engaño

El Secreto, un manual para el engaño

Por Acto y potencia

A continuación analizaremos uno de los más grandes chantajes comerciales de los últimos tiempos, que con la bandera de revelar el misterio ancestral de la felicidad y la riqueza, sólo convierte en millonarios a sus autores. Hablamos del documental, luego hecho libro, que ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo tras prometer cumplir cualquier deseo, sin importar magnitud, nada más con pensar obstinadamente en ello. “El secreto”, que justifica la miseria, pues los pobres “no aprenden a pensar en abundancia”, juega con la buena voluntad de personas, manipulando el deseo mediante un engaño que cae por su propio peso.  

El Secreto, de Rondha Byrne, llegó a mis manos inicialmente en su formato “documental”. Me lo habían prestado asegurándome el interés. Me pareció lamentable. Además de estar plagado de falacias, los “maestros” que transmiten sus enseñanzas, son muy poco serios y el mensaje, peligroso. Se trata de una película que juega con las necesidades de las personas: frustraciones, deseos insatisfechos y otras aspiraciones, para obtener un lucro que pierde toda legitimidad.

Sin embargo, no le di demasiada trascendencia. El tema es que al poco tiempo empecé a encontrarme con personas que aseguraban conocer “el secreto” y no sólo eso, que lo aplicaban en sus vidas y que lo valoraban enormemente. Eso me llevó a dudar de mi posición tan rígida. Quizás me había dejado llevar más por las formas (un montaje al estilo de ventas “llame ya” que mostraba casos de personas antes y después de “el secreto”), o me había quedado con algún caso poco verosímil (quien se hacía rico por pegar un billete en el techo, que contemplaba todas las mañanas para focalizarse en la meta) y no había ido más allá. Probablemente había algo de su contenido que podía rescatarse y yo no lo había captado.

Días después, un tanto impresionado con que su nombre figurara al tope de las ventas de no ficción en formato libro, me encuentro con uno de sus ejemplares en casa de mis padres. Se lo habían prestado a mi madre y ella lo poco que había comenzado a hojearlo le parecía fantástico cómo uno puede atraer a sí mismo cosas buenas o malas según la predisposición. Le pedí llevármelo.

Terminé de leerlo. Y no sólo vuelvo a mi primera posición, sino que con más fuerza. Sostengo que es verdaderamente un chantaje de principio a fin, cuyo éxito comercial radica en saber aprovecharse de ciertas verdades, cotidianas, y que todos conocemos o, al menos, intuimos, para hacerlas decir lo que se quiere. Si bien todas las comparaciones son odiosas, hasta el más atroz régimen político que hayamos estudiado y que contara con amplio consentimiento popular, se estructura en base a esta lógica perversa, es decir, al empleo de una serie de verdades descontextualizadas y a una manipulación de las emociones predominantes de una época. Seguramente la mayoría coincidamos en que siendo optimistas o demostrando cierta confianza en uno mismo, se nos hará más fácil cualquier empresa, sea una entrevista de trabajo, una presentación ante otras personas, o el cumplimiento de una meta.  Si logramos crear una atmósfera de emociones positivas, hasta corporalmente ayudaremos a persuadir al otro y de esa manera, me animo a decir, hasta podemos torcer el destino a nuestro favor. Esto es lo que hace –se me ocurre- que tantas personas avalen este seudo-conocimiento, pero no porque tenga algún valor en sí. El valor está en la persona que se conecta con su experiencia, la que evoca cómo un tipo de actitud ante la vida en ciertas oportunidades, le ha permitido que se abran o se cierren posibilidades. El universo en esto no tiene nada que ver.

¿Qué es El Secreto?

Para los que no saben de qué se trata, “¡El Secreto es la ley de la atracción! Todo lo que llega a tu vida es porque tú lo has atraído”. En otras palabras, todo lo que desees ser, tener o hacer podés alcanzarlo con sólo pensar en ello. El universo captará las señales que emitas y te dará desde “un estado de humor específico hasta diez millones de dólares” casi de inmediato. ¿El mensaje? “No hay nada que no puedas hacer, el Secreto puede darte todo lo que quieras. ¿En qué tipo de casa quieres vivir? ¿Quieres ser millonario?” interpela de arranque. O si se prefiere una cita de uno de los beneficiados: “Desde que aprendí El Secreto y empecé a aplicarlo en mi vida, ésta se ha vuelto mágica. Creo que el tipo de vida con el que todos soñamos es el que yo vivo todos los días. Vivo en una mansión de cuatro millones y medio de dólares… voy de vacaciones a los mejores lugares del mundo…” Así, a lo largo del libro se cuentan los relatos de personas que han amasado grandes fortunas y todos con la misma receta, haber pensado con persistencia en su deseo.

De este modo, y para causar impresión de cosa seria, explica la autora (la única que en realidad conoce de millones) que “el secreto” llegó a sus manos a través de un libro centenario que le regaló su hija. Cuál es ese libro o el autor, olvídalo, no lo dice. Pero desde entonces, atraída por ese descubrimiento, la señora Byrne comienza a investigar los orígenes del “secreto” en la historia y ahí da con el gran hallazgo: Sócrates, Platón, Shakespeare, Newton, Beethoven, Da Vinci, Goethe y otros pensadores, artistas y grandes líderes han conocido el “secreto” y no sólo eso, llegaron a ser quienes fueron gracias a ese conocimiento. Lo gracioso de todo esto es que lleva adelante dicha enumeración sin mencionar una sola fuente, un solo documento que respalde semejante idea. Pero claro, dice la autora que nada de esto fue compartido, que estas personalidades determinantes de nuestra cultura ocultaban el “secreto”, o a lo sumo lo mantenían reservado para grupos selectos. Ahora, por la generosidad de Rhonda Byrne, y tras miles de años de oscurantismo, es revelado y está a la mano de cualquiera; bueno, en realidad de cualquiera que pague los más de 120 pesos, por una obra que se lee apenas en un rato y que se repite todo el tiempo, pero por supuesto, es una muy buena impresión, papel ilustración de no sé cuántos gramos…

Mas la falacia no termina ahí. Los “maestros”, esos gurúes de la felicidad que dan su testimonio y comparten su sabiduría, no los conoce nadie fuera del mercado de la poco respetada autoayuda norteamericana. Pero lo insólito son los títulos o profesiones de estos charlatanes. Al primero que presentan (me imagino que para que las carcajadas lleguen al final) es al siempre valorado “filósofo”, que además es “escritor y coach personal”. Bien. Ya con el segundo empieza el cambalache, “metafísico y especialista en marketing” ¡ja! (se me escapó) y el que sigue “empresario” y (atención a la especialidad) “experto en ganar dinero”, ¡bravo, bravo!, aplausos… impresionante. Había escuchado títulos de doctorado de los más variados, y que no siempre son garantía de sabiduría, pero ¿un “especialista en ganar dinero” va a ser alguien que te guíe en la senda de Platón, Da Vinci o Einstein? ¡Por Dios!

El discurso de lo mágico

Más allá de lo expuesto, el asunto adquiere gravedad cuando plantea “¿Por qué crees que el 1 por ciento de la población gana el 96 por ciento de todo el dinero del mundo? ¿Crees que es por casualidad?”. La respuesta es porque “entienden El Secreto”. En otras palabras, tienen pensamientos de abundancia y riqueza y no permiten arraigar en ellos ideas contradictorias. “Sólo conocen la riqueza y en sus mentes no cabe nada más”.  “La única razón por la que una persona no tiene suficiente dinero es porque está bloqueandosu llegada con sus pensamientos”. Además de absurdo, pues hace una simplificación extraordinaria de los mecanismos de acumulación del dinero y la manera en que circula en un sistema económico -y al que puede añadírsele un complejo proceso histórico social-, ejerce violencia contra el pobre, porque le está diciendo sin eufemismos que es pobre porque quiere, que podría ser millonario, pero como se la pasa pensando en carencias (y me viene a la cabeza un padre de familia desesperado por alimentar a sus hijos), no se permite salir de ese estado. Ahora, ni siquiera con un poco de realismo habla de los esfuerzos necesarios o de la autodeterminación posible para superar una situación de pobreza. El quid de la cuestión está en lo que se piensa, no en lo que se hace, pues no es uno el que puede lograr los cambios, sino “el universo”. En conclusión, todo esto hace pensar que la autora y su equipo no quisieron agregarle ni una pizca de verosimilitud al tema. Que sea mágico, fácil, que caigan todos los que se pueda. Imaginemos si “el secreto” abordara el esfuerzo que implica luchar contra la adversidad, quizás más de uno lo abandonaría. Se rompería el encanto. ¡Cuánto más fácil es dedicarse a pensar en lo que se desea, focalizarse, visualizar y que sea otro el que me lo provea sin más mérito!

También pienso en la gente que se juega por una vocación, como los maestros (digo los docentes, no sea cosa que se los confunda con quienes Rhonda Byrne llama así), que saben que tendrán ingresos más bien bajos, pero son fieles a su inclinación y conocen el aporte esencial que dan a la formación de las personas. Bueno, a ellos también les están diciendo que si no tienen suficiente dinero es porque están bloqueando mentalmente el acceso al mismo. Es que para la mirada de esta gente, no puede existir alguien que no endiose al dinero o no sea el primer valor de su axiología. Para estos vendedores de humo no hay concepción posible de la felicidad fuera de la abundancia material. Y no puedo dejar de pensarlo, si el lujo y el confort no fueran unas de las máximas aspiraciones de la sociedad de consumo, sería muy difícil explicar el éxito de un libro que te asegura alcanzar esa panacea mágicamente.

Para dejar más en claro este emblema del pensamiento basura, hay ejemplos concretos de la vida cotidiana, que ofrece la autora, muy ilustrativos. Vamos con uno. Alguien se ponía mal de recibir tantas facturas en su correo pues tenía muchos gastos, entonces, comenzó a focalizarse en recibir cheques. Cada vez que le entraba una nueva factura se convencía a sí mismo que en realidad era un cheque, entonces se alegraba y agradecía por lo que estaba recibiendo. Es que si se lo creía, iba a lograr que el universo le enviara los cheques. Así es como a los pocos días empezó a recibir cheques. Pero ojo, aclara la autora que también recibía alguna que otra factura.

Perder la noción de lo real

Uno de los mensajes más peligrosos de esta obra, que puede provocar un proceso autodestructivo en la persona, es la idea de que “cada uno es responsable de invocar sus propios deseos”. Por tanto, no tengo nada que hacer por el otro si no se da cuenta por sí mismo, que el universo está para que le ordene. Entonces, dice “el secreto”: “tu trabajo eres tú”. Y de esta manera asistimos al sujeto que ha roto con todos los lazos de lo real y que depende de creerse que obtendrá todo lo que desea (y no dudar), a cuenta de que el universo se rinda a sus pies y finalmente sea o tenga eso que deseó.

En fin, para “el secreto” debes velar primero por tu felicidad y no sacrificarte jamás por otro, pues eso es un pensamiento de carencia. Estos postulados, que reproduzco sin alterar, expresan de la mejor manera la radicalidad del egoísmo. Al romper en la conciencia los puentes de la solidaridad, del amor -que me hacen salir primero al encuentro del prójimo antes que pensar en mi personalísima felicidad-, sin darme cuenta, dejo morir al otro poniéndolo a la espera de mi realización. Un sujeto con estas características, decíamos, no entiende que la felicidad se obtiene cuando se lo ha dado todo y no cuando se atesora. Pero atención, mejor dejemos hablar a uno de los gurúes favoritos de la autora, quien orgulloso dice en el libro:  “me he estado estudiando durante 44 años ¡A veces hasta tengo ganas de besarme!”. Da un poco de ganas de reírse ¿o no? En fin, ésta es quizás la obra de ensayo más vendida de nuestro tiempo.

Por último, este pensamiento henchido de avaricia e indisponibilidad, lleva a que ciertas personas se convenzan de que todo lo que han logrado en sus vidas, lo han alcanzado como fruto de su persistencia, mas olvidando -o negando- toda la ayuda que pudieran haber recibido. En rigor, siempre hay otro que me ha ayudado a ser quien soy, otro que confió en mí y me alentó, otro que valoró lo que podía dar y me dio la oportunidad, otro, otro y otro. Como dice Carlos Díaz, el sujeto que piensa que es el único autor de todo cuanto ha alcanzado es alguien que exigirá le rindan pleitesía. No tiene los pies en la realidad y ha perdido la humildad, perdiéndose con ella a sí mismo. Este tipo de personajes, jactanciosos hasta el hartazgo, buscan permanentemente que los demás reconozcan todo lo que han hecho y cuán importantes son. Por el contrario, los verdaderos líderes no dejan de reconocer que no hubiera sido nada de ellos de no haber contado con tal o cual ayuda.

Se podría hablar mucho más sobre “el secreto”, la ley de la atracción, la autoayuda, pero creo que esta pequeña semblanza de mi experiencia con el libro y la película, puede ser el comienzo de una discusión más profunda.

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