El mito de la consciencia cuántica debería situarse en el mismo lugar que los dioses, dragones y unicornios como otro producto de las fantasías de la gente que no quiere aceptar lo que la ciencia, la razón y sus propios ojos les dicen sobre el mundo

El Mito de la Consciencia Cuántica
Victor J. Stenger

Publicado en The Humanist, Mayo/Jumio 1992, Vol. 53, Número 3, pp. 13-15.

El articulo original puede encontrarlo aquí.

Un nuevo mito está creando su camino dentro del pensamiento moderno. La idea que se está filtrando es que los principios de la mecánica cuántica implican un papel central de la mente humana en la determinación de la naturaleza última del universo. No es sorprendente que la idea pueda encontrarse en las publicaciones New Age así como en muchos libros de las estanterías dedicadas a la metafísica en las librerías. Pero también puede aparecer donde menos se lo espera, en las páginas de un bastión del pensamiento racional: The Humanist. En un artículo, en el número de Noviembre/Diciembre de 1992 titulado “The Wise Silence” (“El Silencio Sabio”, Robert Lanza afirma que, de acuerdo a la visión actual de la realidad de la mecánica cuántica, “todos somos formas efímeras de una consciencia mayor que nosotros”. La mente de cada ser humano en la tierra está conectada, de forma instantanea, con los otros (pasados, presentes y futuros) como “una parte de cada mente existente en el espacio y el tiempo”.

A mí esto me suena muy parecido a las ideas del físico y gurú de la New Age, Fritjof Capra, tal y como se expresa recientemente en la película “Mindwalk”. Ellos también resuenan con la “consciencia cósmica” promovida por Maharishi Mahesh Yogi y su movimiento de meditación transcendental. Al igual que Lanza, estos sabios afirman estar sujetos a la autoridad de la física moderna. El Maharishi asocia la conciencia cósmica con el campo unificado de la física de partículas. El “físico cuántico” de la Universidad Maharishi, John Hagelin, candidato del Partido de la Ley Natural a la Presidencia en las elecciones del año pasado, ha hablado, con frecuencia, de la conciencia cuántica.

En la interpretación de Lanza, la mecánica cuántica nos dice que todas las mentes humanas están unidas en una única mente y que “las entidades del universo: electrones, fotones, galaxias, etc., están flotando en un campo de mente que no puede ser limitado dentro de un espacio o período restringido …”.

A diferencia de los mitos tradicionales, que se remiten a las escrituras o a las declaraciones de líderes carismáticos como sus autoridades, esta última versión del antiguo idealismo indú se supone basada en el conocimiento científico actual. Se afirma que la mecánica cuántica ha invalidado la visión materialista reduccionista del universo, introducida por Newton en el siglo diecisiete y que ha formado los cimientos de la revolución científica. Hoy, el materialismo es sustituido por un nuevo espiritualismo y el reduccionismo es desplazado por un nuevo holismo.

El mito de la consciencia cuántica encaja bien con muchos a los que sus egos les han impedido aceptar el lugar insignificante que la ciencia asigna a la humanidad a medida que los instrumentos modernos alcanzan los lugares más remotos del tiempo y del espacio. Ya era malo cuando Copérnico afirmó que no estábamos en el centro del universo, fue peor cuando Darwin anunció que no éramos ángeles pero se tornó intolerable cuando los astrónomos declararon que la tierra es uno entre cien billones de trillones de otros planetas y cuando los geólogos demostraron que el registro histórico no es más que un parpadeo, un microsegundo de un segundo, en la existencia de la tierra.

En una tierra en la que la que la auto-gratificación ha alcanzado cotas nunca soñadas en la antigua Roma, donde la auto estima es más importante que el ser capaz de leer y donde la auto ayuda no requiere más esfuerzo que poner un cassette, el mito de la consciencia cuántica es justo lo que quería el psiquiatra.

¡Ay!, la consciencia cuántica tiene casi tanta sustancia como el éter que la compone. Al principio de este siglo, la mecánica cuántica y la relatividad de Einstein destruyeron la noción de un universo holístico que figuraba dentro de las posibilidades en el siglo anterior. En primer lugar, Einstein acabó con el éter terminando, de esta forma, con la doctina que afirmaba que todo se movía dentro de un fluido universal y cósmico cuyas excitaciones nos conectaban, de forma simultánea, entre nosotros y con el resto del universo. En segundo lugar, Einstein y otros físicos, probaron que la materia y la luz estaban compuestas por partículas eliminando la noción de la continuidad universal. La teoría atómica y la mecánica cuántica demostraron que cualquier cosa, incluso el espacio y el tiempo existen en elementos discretos (cuantos). Cambiar ésto y decir que la física del siglo veinte inició una vista holística del universo es una representación completamente equivocada de lo que realmente ocurrió.

La creencia en un fluido cósmico y universal que rellena todo el espacio es muy antigua. Para los griegos, el éter era el aire enrarecido expirado por los dioses del Olimpo. Aristóteles empleó este término para el elemento celestial, la materia de la que están hechos los cielos y afirmó que estaba sujeto a distintas tendencias que las que actuaban sobre la materia de la tierra. Cuando le pidieron a Newton que explicara la naturaleza de la gravedad en términos no matemáticos respondió que la gravedad podría transmitirse a través de un éter invisible. Posteriormente, sugirió que este éter podría ser responsable de la electricidad, magnetismo, luz, calor radiante y el movimiento de las cosas vivas que él, al igual que sus contemporáneos, pensaba que era debido a alguna fuente distinta de la materia inanimada. Incluso hoy en día, a pesar de la preponderancia de las evidencias, no disponibles para Newton, de que la vida es un fenómeno puramente material, la gente sigue hablando de fuerzas vitales inmateriales como el ch’i, ki, prana y energía psíquica que no tienen ninguna base científica.

Newton también propuso que las vibraciones del éter podrían estar excitadas por el cerebro. Esta especulación constituye el cimiento conceptual para el mito moderno de la consciencia cuántica y la creencia relacionada de que la mente humana es capaz de conjugar poderes especiales (fuerzas físicas) que trascienden el universo material. Newton previo que la naturaleza de tanto la materia como la luz estaba basada en partículas si bien, al ojo humano, se apreciaban como contínuas. La gravedad, sin embargo, parecía ser algo diferente, actuando de forma invisible (holísticamente) sobre todo el universo. En el siglo diecinueve, el concepto matemático de campo se desarrolló para describir la continuidad aparente de la materia, luz y gravedad. Un campo tiene un valor en cada punto del espacio en contraste a las propiedades de una partícula que están localizadas en una pequeña región del espacio. Para algunos observadores actuales, los campos son entidades holísticas mientras que las partículas ejemplifican la visión reduccionista de la naturaleza en la que cualquier cosa se reduce a sus partes. Los holísticos, con gran profundidad, nos informan que el todo es mayor que la suma de sus partes y que, por lo tanto, la visión de los reduccionistas debe descartarse. Señalar, sin embargo, que los campos no se inventaron la semana pasada, después de una explosión gigantesca de intuición por un Capra o un Lanza, sino que aparecieron en la física reduccionista hace más de un siglo. Casi nada del nuevo holismo es muy novedoso o lógico.

La presión y la densidad son dos ejemplos de campos de materia. En medios contínuos elásticos, la presión y la densidad se propagan como ondas de sonido cuando el medio se excita. A medida que los fenómenos de la electricidad y el magnetismo se fueron conociendo mejor, se describieron en términos de campos. Cuando Maxwell descubrió que las ecuaciones que unían electricidad con magnetismo requerían la propagación de las ondas electromagnéticas en el vacío a la velocidad de la luz se sugirió que el vacío no estaba vacío sino relleno de un medio elástico (el éter) cuya excitación producía el fenómeno de la luz.

Se predijo y se observó la existencia de ondas electromagnéticas fuera de los estrechos límites del espectro de luz visible y a éstas se les dio pronto uso en la “telegrafía sin hilos”. Uno de los primeros trabajadores en la telegrafía sin hilos fue el físico inglés Oliver Lodge. A la vez que realizaba importantes contribuciones a la física y la ingeniería, Lodge se unió a William Crookes, Alfred Rusell Wallace (codescubridor de la evolución) y otros notables científicos del siglo diecinueve en la búsqueda de fenómenos que trascendieran el mundo de la materia. Si la telegrafía sin hilos era posible ¿por qué no la telepatía sin hilos? Si los circuitos eléctricos podían generar y detectar ondas etéreas ¿por qué no el cerebro humano? Paralelamente, ciertas personas que parecían tener la abilidad de comunicarse con otras mentes, vivas y muertas, empezaron a aparecer en escena. Hace un siglo se les llamaba mediums hoy, a sus descencientes espirituales, se les denomina psíquicos o canalizadores.

Desafortunadamente, la mayoría de los científicos carecen de las habilidades específicas necesarias para distinguir los hechos de la ilusión en el mundo de la magia. El universo no miente, la gente miente. Lodge y otros investigadores psíquicos se dejaron engañar por los trucos de adivinos y otros especialistas en juegos de manos que se hacían pasar como espiritualistas. Lodge quería creer, de forma desesperada, en la vida después de la muerte, escribía apasionadamente sobre comunicaciones con su hijo Raymond que murió en Flanders en 1915. Tristemente, aceptó los más absurdas afirmaciones de los mediums.

Cerca del cambio de siglo, Michelson y Morley buscaban encontrar una evidencia experimental para el éter y tuvieron éxito en demostrar que el éter no parecía existir. Poco después, en 1905, Einstein desarrolló la teoría de la relatividad que demostraba que el concepto de éter era lógicamente inconsistente con las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo. Einstein concluyó que las ondas electromagnéticas, incluida la luz, no podían ser las vibraciones de un éter. A pesar de eso, Oliver Lodge permaneció firme en sus convicciones de que un fluido cósmico universal existía y que podía ser excitado por la mente humana. Para Lodge, el éter era una necesidad, el pegamento cósmico sin el cual “no puede existir un universo material”.

Lodge estaba igualmente descontento con lo que oía que afrmaban los jóvenes físicos cuánticos como Bohr y Heisemberg, acerca de la naturaleza, fundamentalmente discreta, cuantizada de todos los fenómenos. Lodge deploraba “la tendencia moderna … a resaltar el carácter discontínuo o atómico de todo”. El progreso lo dejó de lado a medida que las evidencias mostraban que la materia está compuesta de átomos discretos, que la electricidad es el flujo de electrones u otras partículas cargadas y que la luz es una corriente de partículas llamadas fotones. Cuando Oliver Lodge murió en 1940 la continuidad ya llevaba tiempo en su tumba.

Einstein tampoco se sentía cómodo con la mecánica cuántica, denominándola Einstein wasn’t comfortable with quantum mechanics either, calling it “espeluznante”. Él, junto a dos colaboradores, Podolsky y Rosen, escribió un artículo en 1935 argumentando que la mecánica cuántica era “incompleta” porque parecía permitir la propagacón de las señales más rápido que la velocidad de la luz, un resultado prohibido por la relatividad de Einstein. Al igual que muchos de los efectos extraños de la mecánica cuántica, esto era una consecuencia de la dualidad onda-partícula que determina que los sistemas físicos se comportan bien como partículas o como ondas, dependiendo del tipo de propiedades que se intenten medir. De nuevo, la distinción es entre las propiedades discretas, localizadas de las partículas y las propiedades contínuas y distribuidas de los campos.

La paradoja EPR permaneció como curiosidad hasta que en 1964, John S. Bell identificó un mecanismo para probar, de forma experimental, la interpretación convencional, de Copenague, de la mecánica cuántica. Un físico anterior, David Bohm, había propuesto una alternativa a la interpretación de Copenague en la que unas “variables ocultas” invisibles eran las responsables del comportamiento como onda de las partículas. Bell mostró el modo de decidir experimentalmente ese aspecto. Hoy en día, despues de una serie de experimentos precisos, este aspecto se ha decidido: la interpretación de Copenague de la mecánica cuántica ha sido confirmado de manera convincente mientras que se ha rechazado la clase más importante de lsas variables ocultas.

David Bohm, que murió en octubre de 1992 ha sido el principal proponente de un nuevo paradigma holístico que tomó el lugar de la física cuántica reduccionista. El fallo de su teoría relacionada de variables ocultas no hizo que los proponentes de la nueva continuidad pierdan la fe. En lugar de eso, cambiaron de parecer y consideran que la confirmación experimental de la mecánica cuántica convencional es la base que permite las señales superlumínicas que se necesitan en el universo holístico.

El principio de Einstein de que no hay señales más rápidas que la velocidad de la luz implica que eventos separados en el universo, incluso aquellos a una distancia de un diámetro atómico no pueden estar conectados simultáneamente. Esto contradice fundamentealmente la visión holística de una interconectividad instantánea entre todas las cosas. En lugar de esto, la relatividad dibuja el cuadro opuesto: un universo de partículas localizadas que en cualquier instante depende sólo de las otras partículas con las que están en contacto directo. Lo que ocurre en otras partes del universo en ese instante no tiene efecto hasta que las partículas que llevan la información necesaria lleguen al lugar moviéndose no más rápido que la velocidad de la luz. Esto es una forma de reduccionismo mucho más completa que la que existía en la mecánica anterior a la teoría de Einstein en la que los movimientos a velocidades superlumínicas o incluso infinitas no estaban vedadas por ninguna teoría. Incompatible con las afirmaciones de los nuevos holísticos, la relatividad no sólo soporta una visión reduccionista sino que la hace obligatoria. Un campo cósmico universal como el éter que proporciona un mecanismo para la interconexión, requiere una violación de la relatividad de Einstein. Pero la relatividad ha superado todas las pruebas experimentales a las que se ha sometido desde su introducción en 1905 por lo que no puede ser descartada.

De forma similar, la interpretación de la mecánica cuántica con la que no estaba de acuerdo Einstein y que Bohm buscó como reemplazar, todavía sigue vigente después de haber superado un período igualmente largo de rigurosas pruebas experimentales iincluyendo las pruebas del teorema de Bell. La paradoja EPR parece que sugiere que la mecánica cuántica y la relatividad no pueden hacerse compatibles y que bien una o la otra deberán desaparecer. Antes de los resultados experimentales que confirmaron la mecánica cuántica convncional, Bohm y sus seguidores habían argumentado que era la mecánica cuántica la que debía descartarse. Una vez presentados los resultados los holísticos argumentan que la que debe ceder el sitio es la relatividad ya que la mecánica cuántica proporciona un mecanismo por el que las señales pueden moverse más rápido que la luz. En efecto, la mecánica cuántica es fantasmagórica, por lo tanto saquemos los fantasmas. Un campo etéreo, universal que permita la conexión simultánea entre eventos en el universo con independencia de su localización debería existir en cualquier caso.

Se vuelve a invocar a la mecánica cuántica para argumentar que el campo cósmico, al igual que el éter de Newton, se acopla a la propia mente humana. En la visión de Robert Lanza, ese campo es la mente universal de toda la humanidad: vivos, muertos y no nacidos. De forma irónica esta asociación aparentemene profunda entre el mundo cuántico y la mente es un artefacto, la consecuencia de un lenguaje desafortunado empleado por Bohr, Heisemberg y los otros que formularon originalmente la mecánica cuántica. Al describir la interacción necesaria entre el observador y lo observado y cómo el estado del sistema está determinado por el acto de su medida, inadvertidamente dejaron la impresión de que la consciencia humana entra en el cuadro para provocar la aparición del estado. Esto llevó a que muchos que no entienden la física pero que les gusta el sonido de las palabras empleadas para describirla, infieran un papel humano fundamental en lo que era previamente un universo que parecía no tener necesidad ni de dioses ni de hombres. Si Bohr y Heisemberg hubieran hablado de medidas hechas por instrumentos inanimados en lugar de “observadores” quizás esta relación tensa entre cuántica y mente no hubiera existido. No hay nada en la mecánica cuántica que requiera de una involucración humana.

La mecánica cuántica no viola el principio Copernicano de que el universo no se preocupa de la raza humana. Mucho después de que la raza humana desaparezca de la escena, la matería seguirá bajo las transiciones que denominamos eventos cuánticos. Los átomos en las estrellas radiarán fotones y esos fotones serán absorbidos por materiales que reaccionan con ellos. Quizás, una vez nos hayamos ido, algunas de nuestras máquinas seguirá analizando esos protones. Si ese es el caso, lo hará siguiendo las mismas reglas de la mecánica cuántica que están en vigor hoy en dia.

Pero incluso sin intervención humana, con instrumentos inanimados haciendo las observaciones, ¿permiten, las reglas de la mecánica cuántica el movimiento superlumínico? Un cuidadoso análisis de los experimentos que comprobaron el teorema de Bell muestra que los únicos objetos que se mueven más rápido que la velocidad de la luz son creaciones de nuestra imaginación, igual que la función de onda cuántica, que no es un objeto físico. Podría demostrarse que ninguna señal transportando información se mueve más rápido que la velocidad de la luz. Ni la mecánica cuántica convenconal ni la relatividad de Einstein han sido violadas.

El abrumador peso de la evidencia tras siete décadas de expertimentación, no muestra ni una prueba de violación del reduccionismo, local, discreto, superlumínico, relatividad no-holística y mecánica cuántica sin que sea necesario implicar consciencia humana distinta de nuestra percepción subjetiva de la realidad existente. Por supuesto que nuestros procesos de pensamiento tienen una influencia fundamental en lo que percibimos. Pero, decir que lo que percibimos determina o incluso controla lo que existe no tiene soporte racional. El mundo sería un lugar muy diferente para todos nosotros si sólo estuviera en nuestras cabezas, si pudieramos realmente fabricar nuestra realidad tal y como cree la New Age. El hecho de que el mundo raramente es como queremos que sea es la mejor evidencia de lo poco que tenemos que decir sobre eso. El mito de la consciencia cuántica debería situarse en el mismo lugar que los dioses, dragones y unicornios como otro producto de las fantasías de la gente que no quiere aceptar lo que la ciencia, la razón y sus propios ojos les dicen sobre el mundo.

Conclusión: El mito de la consciencia cuántica debería situarse en el mismo lugar que los dioses, dragones y unicornios como otro producto de las fantasías de la gente que no quiere aceptar lo que la ciencia, la razón y sus propios ojos les dicen sobre el mundo

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