No existe la realidad objetiva. Creamos nuestra propia realidad.

MOLÉCULAS DE LA EMOCIÓN

No existe la realidad objetiva. Creamos nuestra propia realidad.

Para que el cerebro no sea agobiado por el diluvio constante de entrada sensorial, alguna clase de sistema filtrante debe permitirnos prestar atención a lo que nuestro cuerpo-mente juzga que son los elementos de información más importantes e ignorar los demás. Como se ha discutido, nuestras emociones (o las drogas psico-activas que se adueñan de sus receptores) deciden qué es a lo que merece la pena prestarle atención. Aldous Huxley tenía razón en Las Puertas de Percepción cuando se refería al cerebro como una “válvula reductora”. También estaba en el camino correcto cuando supuso que lo que llega a la oficina principal es tan sólo un chorrito de lo que podría absorberse en cualquier momento dado.

Ya que nuestra sensación del mundo exterior es filtrada a lo largo de las estaciones del camino sensorial ricas en receptores de péptidos, cada uno con un tono emocional diferente, ¿cómo podemos definir lo que es objetivamente real y lo que no lo es? Si lo que percibimos como real es filtrado a lo largo de un gradiente de emociones pasadas y de aprendizajes, entonces la respuesta es que no podemos. Afortunadamente, sin embargo, los receptores no están estancados, y pueden cambiar tanto en sensibilidad como en el arreglo que tienen con otras proteínas en la membrana celular. Esto significa que aunque estamos emocionalmente “atorados”, fijados en una versión de la realidad que no nos sirve bien, siempre hay un potencial bioquímico para el cambio y crecimiento.

La mayoría de nuestros cambios de atención del cuerpo-mente son subconscientes. Mientras los neuropéptidos están en realidad dirigiendo nuestra atención con sus actividades, nosotros no estamos conscientemente involucrados en decidir qué es procesado, recordado y aprendido. Pero tenemos la posibilidad de hacer conscientes algunas de estas decisiones, particularmente con la ayuda de varios tipos de entrenamientos intencionales que han sido desarrollados precisamente con ese fin –aumentar nuestra conciencia. A través de la visualización, por ejemplo, podemos aumentar el flujo de la sangre en alguna parte del cuerpo y así aumentar la disponibilidad de oxígeno y nutrientes para sacar las toxinas y nutrir a las células. Los neuropéptidos pueden alterar el flujo de sangre que va de una parte del cuerpo a otra –el caudal del flujo sanguíneo es un aspecto importante al momento de priorizar y distribuir los recursos finitos disponible a nuestro cuerpo.

Norman Cousins me contó que una vez logró superar una rotura de codo que había sufrido jugando al tenis, y regresó a la cancha en tiempo récord, simplemente enfocándose durante veinte minutos cada día en aumentar el flujo de sangre a través de la articulación herida, ya que su médico le había explicado que es el suministro pobre de sangre lo que hace que las lesiones en esa articulación sanen lentamente.

Pero no quiero dejar la impresión de que estoy propugnando que en todas las terapias exitosas el inconsciente debe traerse a la conciencia. De hecho, la mente inconsciente del cuerpo parece omnisapiente y todopoderosa, y en algunas terapias puede utilizarse en forma controlada para curar o cambiar, sin que la mente consciente se de cuenta de lo que ocurrió. La hipnosis, el yoga de la respiración y muchas de las terapias basadas en la manipulación de la energía (desde la bioenergética y otras psicoterapias centradas en el trabajo corporal a la quiropráctica, el masaje y el contacto terapéutico) son todos ejemplos de técnicas que pueden usarse para hacer cambios en un nivel por debajo de la conciencia. (Dado lo dramático y rápido de algunas transformaciones terapéuticas, yo creo que en el cuerpo –la mente inconsciente– se guardan emociones reprimidas, por medio de la descarga de ligandos de neuropéptidos, y que las memorias se almacenan en sus receptores.) A veces, pero no siempre, las transformaciones ocurren a través de la descarga emocional común a muchas terapias del cuerpo-mente que se enfocan en liberar las emociones alojadas en la red sicosomática.

Por ejemplo, el afamado psiquiatra e hipnoterapeuta Milton Erickson se dirigió a las mentes subconscientes de varias mujeres jóvenes las que, aunque se habían sujeto a todo tipo de inyecciones de hormonas, seguían con el pecho completamente plano. Él les sugirió mientras estaban en un trance profundo que sentirían calor y hormigueo en sus pechos y que éstos empezarían a crecer. Aunque ninguna de ellas pudo recordar nada de lo que pasó en la oficina, ¡todos sus pechos crecieron en el intervalo de dos meses, probablemente porque las sugerencias de Erickson hicieron que aumentara el suministro de sangre a ellos!

Las emociones están regulando constantemente lo que experimentamos como “realidad”. La decisión sobre cuál información sensorial va al cerebro y cuál es filtrada depende de las señales que los receptores están recibiendo de los péptidos. Hay una cantidad muy grande de datos elegantes en neurofisiología que sugieren que el sistema nervioso no es capaz de tomar todo, sino que sólo puede buscar en el mundo exterior el material que está preparado a encontrar, en virtud de las conexiones en su cableado interno, de sus propios modelos interiores y de su experiencia pasada. El colliculus superior del cerebro central, otro punto nodal de receptores de neuropéptidos, controla los músculos que mueven al ojo, incidiendo sobre qué imágenes pueden llegar a la retina y ser vistas. Por ejemplo, cuando las grandes naves europeas se acercaron a los antiguos habitantes de América, era una visión tan “imposible” en su realidad que sus percepciones altamente filtradas no pudieron registrar lo que estaba pasando y literalmente no pudieron “ver” a las naves. En forma similar, el marido engañado no puede ver lo que todos los demás ven, porque su creencia emocional en la fidelidad de su esposa es tan fuerte que sus ojos se apartan de la conducta incriminadora que es obvia para todos los demás.

A medida que las investigaciones continúan, es cada vez más claro que el papel de los péptidos no se limita a provocar acciones simples y particulares en las células individuales y los sistemas de órganos. Más bien, los péptidos sirven para unir a los órganos y sistemas del cuerpo en un solo tejido que reacciona a los cambios medioambientales tanto internos como externos con respuestas complejas, sutilmente orquestadas. Los péptidos son las partituras que contienen las notas, frases y ritmos que le permiten a la orquesta –tu cuerpo– tocar como una entidad integrada. Y la música que resulta son el tono o sentimientos que experimentas subjetivamente como tus emociones.

por Candace Pert

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