Corazonada

Corazonada

Autor: Eduard Punset

En las universidades de Yale, Princeton y Harvard neurólgos y psicólogos como John A Bargh están descubriendo una concepción nueva del inconsciente que otorga a las corazonadas un poder hasta ahora insospechado.

Vayamos por partes, porque me dan ganas de pedirle a mis lectores que se pongan el cinturón de seguridad no porque vayamos camino de ninguna catástrofe, sino porque la idea de las razones que asoman tras las decisiones que tomamos cambiará de forma radical y, por lo tanto, las razones de su propia vida.

Resulta que la gente se equivoca casi siempre sobre las causas de su conducta. Hasta hace muy poco tiempo, estábamos convencidos de que cuando se trataba de un problema sencillo, como andar por casa o cerrar los párpados si nos deslumbraba la luz del sol, el inconsciente se encargaba de solventar el problema. Por poco que se complicaran las cosas -como a la hora de decidir si me caso o no me caso, si salgo de viaje o cambio de trabajo- recurríamos a la conciencia para que, utilizando la razón, resolviera el problema. Varios experimentos en las Facultades que mencionaba antes han demostrado que esto es, lisa y llanamente falso.

Es cierto que en la última década ya habíamos descubierto, aunque no lo aceptara casi nadie, que las corazonadas o -por llamarlas por su nombre científico-, las intuiciones o el subconsciente eran una fuente tan válida del conocimiento como la razón.

Ahora bien, el tema de las corazonadas ha ido mucho más lejos. Lo que están demostrando los últimos experimentos efectuados es que el nuevo concepto de inconsciente implica que la conducta de una persona puede ser el resultado de algo que ha ocurrido en el entorno sin necesidad de un acto consciente por su parte, ni de que se entere de lo que está ocurriendo. El inconsciente por su cuenta es responsable no solo de la mayoría de las decisiones que tomamos, sino incluidas las de mucha importancia por la sofisticación o complejidad de los procesos cognitivos implicados. Más de un lector me preguntará: ¿y entonces para que sirve la conciencia?

La pregunta es fabulosa porque así es la respuesta que están aduciendo los científicos. La conciencia sirve, ni más ni menos, que para aprender a distinguir el pasado del presente y el futuro del pasado. Cuando descubrí esto por primera vez me dije que estaba en consonancia con lo que yo había intuido con el comportamiento de mis nietas: hasta que no alcanzaban los cinco o seis años no tenían una idea clara de lo que era el pasado ni el futuro. Ahora resulta que la conciencia es un fenómeno tardío que, cuando aparece, nos permite conseguir una de las cosas más difíciles para los humanos, situarnos en el tiempo.

Lo increíble es no haber descubierto hasta estos días que pasa lo mismo evolutivamente. Los humanos no tuvieron conciencia durante muchísimo tiempo. Es un instrumento refinado que no sirve para lo que creíamos, pero que solo surge a partir de un nivel de sabiduría y capacidad cognitiva determinada.

“Me fío más del inconsciente que de la razón”

ALBERTO OJEDA  | 15/03/2011 |

Eduardo Punset.

Es el máximo gurú de la divulgación científica en España. Uno de los artífices de que la ciencia poco a poco tome posiciones en la cultura popular. Eduardo Punset (Barcelona, 1936) pone a la altura del ciudadano de a pie la neurología, la física cuántica, la oncología, la astronomía… Todo un logro en un país que arrastra la ciencia como una asignatura pendiente desde hace siglos. Sus libros, aparte de su programa Redes en La 2, son la herramienta con la que cala en el inconsciente colectivo de los españolitos. Un ramillete de títulos suyos viene copando los primeros puestos de los libros más vendidos desde hace años: El viaje a la felicidad , El viaje al amor, El viaje al poder de la mente… Ahora llega a las librerías con Excusas para no pensar (Destino), una compilación de sus artículos publicados en prensa. La tesis central es la excesiva comodidad del cerebro, un órgano -vago- al que culpa de nuestras dificultades para cambiar, por ejemplo, de opinión. Ya lo dijo Einstein: “Es más fácil descomponer un átomo que eliminar un prejuicio”.

Pregunta.- Dedica este libro a las personas que han descubierto que hay vida antes de la muerte. ¿Es que tiene mérito eso?
Respuesta.- Es que es la antítesis de la historia de la evolución humana. No hace mucho la gente tenía una esperanza de vida que era un tercio de la que tenemos ahora. No tenían entonces mucho tiempo para pensar y cuando lo hacían pensaban en qué sucedería después de la muerte. Ahora vivimos un momento álgido en la historia de la evolución gracias irrupción de la ciencia en la cultura popular. La ciencia está poniendo fin a la batalla incesante entre los que no tienen nada, por un lado, y los que tienen algo y se aferran a ello agresividad. La ciencia permite que esa pugna no siga.

P.- ¿Cuáles son la excusas más habituales que se busca la gente para no pensar?
R.- La gente, y más concretamente su cerebro, no quiere cambiar de opinión. Es lógico porque eso supone rediseñar por completo la estructura defensiva. Y cómo les podemos convencer de la necesidad de cambiar. Yo a mis nietas le pongo el ejemplo del agua, que en el congelador se solidifica y sobre el fuego se convierte en gas. Si hasta la estructura de la materia cambia, ¿cómo no vamos a cambiar de opinión? Es el cambio más necesario de todo, pero la gente considera una traición asimismo y a lo heredado cambiar de opinión.

P.- Por eso decía Einstein que es más fácil descomponer un átomo que eliminar un prejuicio…
R.- Claro, ahora los neurólogos han descubierto las disonancias, que demuestran no sólo la negativa del cerebro a reconsiderar una opinión, sino que se inhibe para evitar siquiera tener que considerarlo. Es como una valla que se pone a la información para que no le llegue al cerebro.

P.- Afirma que las decisiones conscientes son una ilusión: nuestras neuronas (inconsciente) siempre deciden primero.
R.- Sí, lo demuestra un estudio reciente: cuando cree haber tomado una decisión, sus neuronas ya lo habían hecho unos diez segundos antes. Antes de este descubrimiento ya conocíamos el espacio irrisorio que ocupa el pensamiento racional comparado con el ingente espacio que cubre el inconsciente. La conclusión es que debemos confiar en nuestras intuiciones. El inconsciente es una fuente tan válida de conocimiento como la razón. El inconsciente desarrolla procesos cognitivos tan complejos como el pensamiento racional. Yo ya me fío más de él que de la razón..

P.- Entonces ¿el inconsciente pesa más que la voluntad a la hora de tomar una decisión?
R.- Sin lugar a dudas. Nosotros ahora sabemos es que estamos programados genética y cerebralmente pero también que somos únicos, porque la propia experiencia personal incide en nuestra estructura cerebral. Podemos cambiar el cerebro con la experiencia.

P.- ¿Es el cerebro un órgano comodón? ¿Cómo podemos estimularlo?
R.- Los neurólogos se dividen en dos opiniones. Los hay que consideran al cerebro como el órgano más perfecto de todos y luego están también a los que le parece una chapuza. Lo que es cierto es que no sabíamos nada de él, porque está escondido y sólo atiende a mensajes codificados. También sabemos que ante un mismo desafío cada persona reacciona de forma diferente. Deben darse tres principios para que el cerebro se movilice. La primera es que haya un cierto grado de desasosiego e inquietud, es decir, que nos estemos jugando algo. Y lo segundo es aceptar que en la educación del futuro el aprendizaje emocional debe ser un requisito esencial.

P.- También afirma que la inteligencia no es una cualidad inherente a los humanos. ¿Los hay que carecen de ella?
R.- Eso nos lo han descubierto primatólogos y neurólogos que han estudiado muy a fondo el comportamiento de los grandes simios. La inteligencia no es un atributo exclusivo de los seres humanos, también la pueden tener otros animales. La inteligencia entraña disponer de una cierta flexibilidad, capacidad de representación mental de situaciones y una cierta complejidad. Un perro puede tener esa flexibilidad y un humano no, igual puede ocurrir con la capacidad de predicción que dimana de la capacidad de representar mentalmente situaciones.

P.- Y, en su opinión, los hombres nos comportamos a lo largo de toda la vida como si tuviéramos 12 años. ¿Eso es incapacidad de madurar?
R.- El infantilismo es más persistente en el hombre que en las mujeres. ¿A qué conduce esta particularidad? Habrá qué verlo. Lo que es evidente es que este espíritu infantil, jocoso a veces, se da más en el hombre.

P.- Esto le encantará escucharlo a las mujeres. Les hará sentirse superiores…
R.- Bueno, no… Depende de cómo valoremos ese infantilismo. Los niños tienen mayor pureza y una mentalidad más abierta. En la educación está probado que es a partir de cierto momento cuando encorsetamos nuestro pensamiento.

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